Los últimos días nos han invitado a regresar a un lugar muy conocido, a volver la mirada hacia nuestras raíces, nuestro árbol, la historia familiar y aquellas memorias que, muchas veces de manera silenciosa, siguen influyendo en la forma en que amamos, cuidamos, elegimos y habitamos la vida.
Comprender el origen no significa quedar atrapadxs en el pasado sino reconocer que antes de nosotros hubo muchas vidas, muchas decisiones y muchas historias que hicieron posible nuestra existencia. Cuando miramos ese camino con amor, dejamos de luchar contra él y comenzamos a descubrir la libertad de elegir cómo queremos continuar escribiendo nuestra propia historia.
Esta semana la energía da un paso más. La imagen o configuración astrológica que acompaña este nuevo ciclo es la Cuna o Cesta. Un símbolo de contención, protección y gestación. La cuna sostiene aquello que todavía está creciendo y nos recuerda que los cambios más profundos no ocurren de un día para el otro sino que necesitan tiempo, cuidado y presencia; y muchas veces, se gestan en el silencio.
Venus, al ingresar en Virgo, nos invita a llevar el amor a lo cotidiano, a descubrir que el cuidado también vive en los pequeños hábitos, en la manera en que alimentamos nuestro cuerpo, descansamos, nos hablamos y nos vinculamos. Su encuentro desafiante con Urano nos anima a preguntarnos si las formas en las que nos hemos cuidado hasta ahora siguen siendo las que nuestra vida necesita. Tal vez sea momento de abrir espacio a nuevas maneras de habitarnos.
Mercurio retrógrado encuentra al Sol en Cáncer, iluminando una conversación íntima con nuestra propia historia. Es una oportunidad para escuchar aquello que el corazón viene susurrando desde hace tiempo. No sucederá desde la mente, sino que habrá que permitir que la claridad emerja desde la experiencia, el cuerpo y la emoción.
La Luna Nueva en Cáncer abre un nuevo ciclo de seis meses en esa zona de nuestra carta y nos invita a sembrar nuevas formas de cuidar el hogar más importante que tenemos: nosotrxs mismxs. Nos pregunta qué queremos seguir cultivando de nuestro linaje, qué hábitos deseamos fortalecer y qué patrones ya no necesitamos que nos sigan acompañando.
Una semana para ser la cuna que contiene y sostiene nuestros sueños, para comprender que cada nuevo hábito, cada acto de amor hacia nosotrxs mismxs y cada decisión consciente tienen el poder de transformar no solo nuestra vida, sino también la historia que continúa a través nuestro. Porque cuando sanamos nuestra manera de habitar el presente, también honramos el pasado y abrimos un camino diferente para el futuro.
Para cerrar, te regalo esta pregunta: ¿Qué legado elegís honrar, qué historia estás dispuestx a resignificar y qué nueva forma de habitarte querés gestar en los próximos 6 meses?
Y que el cielo conspire a tu favor!
En amor y servicio,
Ani